El Nazareno es todo un clásico de la antología de los timos, pero a pesar de su antigüedad, cada día hay más empresas que son estafadas mediante este fraude. Generalmente las víctimas del timo del Nazareno son proveedores de artículos de fácil venta, como suministradores de bebidas alcohólicas, de embutidos, vendedores de electrodomésticos, distribuidores de artículos de electrónica, así como cualquier empresa que comercialice productos de cierto valor y que se puedan colocar en el mercado negro. En los últimos años el timo del Nazareno se está volviendo a practicar con bastante frecuencia, mayor sofisticación y mayor diversificación sectorial. Además, los importes estafados han ido aumentando de forma galopante a lo largo de los últimos 2 años, llegando los últimos fraudes a alcanzar cientos de miles de euros. Coinicidiendo con esta Semana Santa, la Policía detuvo a una banda de 13 estafadores que tiene el dudoso honor de haber batido el récord Guiness de los Nazarenos en dos modalidades: el número de empresarios afectados, ya que alcanza el centenar, y el importe estafado que supera los 3.000.000 de euros.
El “modus operandi” de los timadores es siempre el mismo; crean una empresa ficticia con documentación falsa o incluso constituyen una sociedad mercantil legal pero meramente instrumental, a nombre de terceras personas que actúan como “hombres de paja” y suelen ser personas marginales, carentes de propiedades, pero limpios de antecedentes de morosidad de modo que no aparezcan sus nombres en ficheros de información de solvencia. Al frente de la empresa los estafadores nombran como administrador único a un indigente, que a cambio de unos cientos de euros actuará de testaferro y firmará sin rechistar todos los papeles que le pongan delante. De esta forma los timadores construyen hábilmente una compañía mercantil que le daba apariencia legal que les servirá de pantalla, con el aspecto de ser una empresa legítima y solvente y que será utilizada por los estafadores para establecer contactos con los proveedores. Luego la banda de estafadores alquila un local de oficinas al que da apariencia de una empresa en funcionamiento y toma en arrendamiento unos almacenes para recibir los pedidos, procurando que estén situados en un punto estratégico. Con posterioridad la organización de delincuentes abre cuentas bancarias a nombre de la sociedad fantasma y solicitan talonarios de cheques y de pagarés. Y por último la organización se dedica a contactar con proveedores e iniciar relaciones comerciales aparentando ser una empresa legalmente constituida, de acreditada solvencia y con buena liquidez.
El estafador se gana la confianza del incauto al pagar los primeros pedidos de mercancía religiosamente al contado, luego una vez ganada la confianza del suministrador, efectúa un pedido importante con el pretexto de que quiere hacer una campaña comercial y solicita un pequeño aplazamiento para abonar los artículos. Esta misma operación la repite con docenas de víctimas, y una vez entregadas las mercancías, el timador desaparece con todos los artículos almacenados, que posteriormente revende en el mercado negro por debajo del precio de mercado. Cuando los proveedores hartos de no tener señales de vida de su nuevo cliente, se presentan en el almacén del timador, se encuentran con un local vacío y sin el menor rastro de sus productos ni del comprador.
Pere J. Brachfield, morosólogo, Profesor de finanzas de EAE y autor de “Memorias de un Cazador de Morosos”
www.perebrachfield.com